martes, 6 de enero de 2015

SAL CON CEBOLLA

Mientras escribo esta historia trato de pensar cómo nos decidimos a armar esta aventura. Todo comenzó en el año 2011 cuando un amigo Kirguís, un tanto alcoholizado y eufórico por haber subido a la cumbre del pico Pobeda, nos comentaba en el campo base que existe una montaña salvaje en algún lugar de la frontera entre China y Kirguistán que se llama Kyzyl Asker, y que si algún día buscábamos volver al Tien Shan deberíamos ir allá. La idea hizo un pequeño capullo que finalmente floreció cuando el año pasado nos enteramos de que un cuarteto franco-belga había repetido la ruta del Pilar Central.

Todo se combinaba con la oportunidad de que el proyecto SOMOS ECUADOR -liderado por Iván Vallejo (quien en esta ocasión se quedaría a vivir en el campo base y fungiría labores de meteorólogo y coach deportivo) y conformado en este año por Carla Pérez, Nicolás Navarrete, Rafael Cáceres y yo- buscaba un objetivo recóndito en algún lugar de Asia. En un principio nuestro objetivo fue repetir la ruta del Pilar Central, pero una vez en la base, enamorados de esta esbelta pared, comenzamos a flirtear con la idea de abrir una ruta nueva.

Salimos de Ecuador el 31 de Julio. Tras largas conexiones entre aeropuertos infestados de publicidad llegamos a nuestro destino final en China: Urumqi. Esta es una ciudad de 3 millones de personas, pequeña para lo común en China. Debido a un retraso que luego se volvería crucial en el desarrollo de nuestra escalada tuvimos que esperar una semana que pasó bastante rápido mientras disfrutábamos perdiéndonos en el centro, tratando de descifrar gigantes rótulos de neón y degustando de las maravillas del consumismo asiático. El día 9 de Agosto finalmente pudimos salir de Urumqi con destino al campo base, solo nos separaban tres días de recorrido por carreteras en buen estado hasta un punto del camino en donde se toma el valle que lleva eventualmente al Kyzyl Asker. Lo único que empañó nuestra alegría ese día fue el darnos cuenta de que los oficiales de aduana Chinos habían retenido toda nuestra comida proveniente de Ecuador para una segunda revisión. Para empeorar las cosas esa comida se demoraría una o dos semanas más en llegar a Urumqi desde Beijing. Conscientes de que una de las dificultades de escalar en este país son las barreras burocráticas decidimos reaprovisionarnos de lo necesario en la siguiente ciudad más grande y también confiamos en el ofrecimiento de nuestro oficial de enlace que, con un escueto inglés, nos aseguraba que la compañía que nos proveyó de  servicios logísticos enviaba suficiente comida.

Una de las experiencias más gratificantes de este  viaje fue el poder conocer una cultura diferente desapegada de lo que nosotros llamamos “confort”. En el camino al campo base llegamos a conocer gente que comparte este espacio físico pero vive totalmente en otros tiempos, un buen recordatorio de lo engañados que vivimos en occidente; después del viaje en bus nos quedamos una noche en una vivienda Uigur de quienes nos proveerían de camellos, burros y un par de motocicletas (con sus respectivos pilotos) para poder realizar las cuatro horas de trekking hasta el lugar que posteriormente llamamos campamento base; el día siguiente lo empleamos resolver la duda más grande que todos compartíamos: Donde está el Kyzyl Asker? Alrededor de dos horas de caminata por una morrena bastante engañosa llevan a la entrada de un glaciar de aproximadamente 10km de largo que al final tiene al Kyzyl Asker dominando las otras cumbres.

La traducción al español de Kyzyl Asker significa “soldado rojo” o “jinete rojo” y mientras más se desarrollaba nuestra relación con la montaña, más nos dábamos cuenta de lo bien que le queda el nombre: es un pico absolutamente salvaje, su cara sur se posa desafiante en esta cordillera y solo basta con verlo un par de minutos para sentir como busca provocar las reacciones más inesperadas.
Tras haber ubicado la montaña, nos dedicamos por dos días consecutivos a portear todo lo necesario para nuestra escalada hasta la entrada del glaciar, después plantamos una tienda en la base de la pared. Un par de días de clima realmente malo (por lo general el clima era “un poco malo”) y el 16 de Agosto llegamos a escalar los primeros largos de nuestra incipiente nueva ruta. En cuanto a la escalada, las dificultades técnicas como convencionalmente las entendemos no representan un problema en esta pared, se trata mayormente de lidiar con el clima que poco a poco va carcomiendo las reservas de motivación; fue así que nunca tuvimos la seguridad de cumbre sino hasta que estuvimos en ella y la sensación de compromiso al apostar al todo por el todo en pos de una ilusión fue la tónica de nuestra aventura.

En los primeros seis días de escalada logramos fijar únicamente 11 largos de cuerda y petatear el equipo hasta la base de unos techos a media pared que nos ofrecieron buen resguardo, hasta ese punto la escalada es muy disfrutable y se mantiene en el sexto grado, la única excepción son los dos techos que marcan el crux de la escalada en roca en una dificultad de 7a y 7a+ respectivamente.
Fue durante estos días que nos dimos cuenta que nuestras estimaciones de compras de comida y las promesas de nuestro oficial de enlace no serían suficientes para terminar con la escalada si no hacíamos un concienzudo racionamiento de los alimentos, hecho que en algunos días redujo nuestra dieta a fideos, cebollas y un poco de sal para dar sabor.

El 22 de septiembre aprovechando tres días de buen clima que legaron inesperadamente pudimos establecernos en el campamento 1 a 400 metros de la base, los siguientes dos días el clima volvió a su habitual estado y pudimos fijar únicamente cinco largos que variaron entre 6b+ en roca, un poco de mixto fácil y la travesía de un hermoso nevero que nos depositaba en la base del diedro final, el que aparentemente nos iba a depositar en la arista cimera.

Sabiendo que el buen clima en estas cordilleras siempre significa que el mal clima está por venir decidimos hacer ataque de cumbre el 28 de Agosto, comenzamos a las 3am desde las hamacas y, tras ascender por las cuerdas fijas, cerca del amanecer llegamos al diedro final. La escalada del mismo fue lo que definió cómo recordaremos esta aventura en el futuro, se trata de 10 largos de escalada mixta alucinante que nunca sino hasta el final dan la certeza de si va a haber éxito o no. Llegamos a la cumbre del pilar a las 23h00 y decidimos declarar nuestro intento como finalizado en ese punto.
Ahora cuando pienso en las razones que nos hicieron menospreciar esa última sección “fácil ” hasta la cumbre máxima se viene a mi mente el frío que mordía hasta el alma, ese horrible viento, el cansancio físico y mental y la incertidumbre de una tormenta fraguándose, pero sobre todo siento que tras haber logrado hacer una apuesta tan grande en una escalada de este tipo el sentido de la cumbre cambia totalmente y la euforia de haber estado en el punto más alto de una montaña deja paso a la tranquilidad de saber que la pared es lo que importa… al fin y al cabo: Cual es la verdadera cumbre? Y… qué valor tiene sino el que le damos quienes la buscamos.

El descenso transcurrió como era de esperarse en esta escalada: cuerdas atascadas y congeladas, nevada horizontal y mucha pero mucha alegría de saber que lo habíamos conseguido. Llegamos a las hamacas cerca de las siete de la mañana y ese mismo día por la tarde continuábamos con los rapeles y el descenso hasta la carpa en la base. Lo que vino después fueron un par de días de retirar nuestro equipo y salir un poco a las carreras antes de que nuestro permiso de “caminata” se termine.

Ya en Urumqi mientras degustábamos nuevamente los manjares que nos ofrecía China decidimos llamar a la ruta “Sal con cebolla” (1.100m, 5.12a, M6+,WI5+, C1, AI2).

Finalmente quiero agradecerles a todos los amigos que hicieron posible la realización de esta aventura, a Iván Vallejo por su infinita entrega al montañismo y a Carla, Chapico y Nicolás por ser quienes son.




Del latín gravĭtas, la gravedad es una fuerza física que la Tierra ejerce sobre todos los cuerpos hacia su centro. También se trata de la fuerza de atracción de los cuerpos en razón de su masa... Nico Navarrete en clases de física durante la escalada del Kyzyl Asker:


Esteban Mena escalando un largo después del Campo 1 (Foto Nico Navarrete):


La tónica en la base de la pared (Foto Nico Navarrete):

Porteando equipo al Campo Base:


Cumbre del Pilar (Foto Chapico Cáceres): 


Entrando al headwall (Foto Nico Navarrete):


La proximación (Foto Nico Navarrete):


Almuerzo en una casa Uigur (Foto Nico Navarrete):


En la primera incursión para buscar al "Solado Rojo":

Atravesando el glaciar que lleva a la base de la pared: 

Será? (Foto Nico Navarrete)


El "Pilar Ecuatoriano" en la cara sur del Kyzyl Asker: 


La legada a la base de la roca (Foto Nico Navarrete): 


Uno de los pocos días de sol (Foto Nico Navarrete): 


Nico Navarrete haciendo lo suyo en los techos: 


A muerte!:


Chapico Cáceres probando suerte con el hielo en el headwall:


Días de dieta en el Campo1 :


Entrando al headwall (Foto Chapico Cáceres); 

Nico y Chapico buscando anclajes decentes para el Campo 1:

El Soldado Rojo:


El Headwall, la ruta va por la pared de la izquierda del diedro:


La ruta hasta la mitad de la pared (Foto Nico Navarrete):

Hermosos largos(Foto Nico Navarrete):



Los primeros días en la pared:

"Sal con cebolla":






martes, 1 de julio de 2014

CORDILLERA BLANCA 2014

Mas fotos de la Cordillera Blanca...


Escalando el Ocshapalca:

Abriendo huella a la base de la pared:

Escalando el Ocsha:

Disfutando del sol en Rurec:

La bajada de la cumbre del Quilluhirca:

 Bellos largos en el Ocsha:

Cordillera Blanca!:

Campo 1 en el Quilluhirca:

Escalando el Quilluhirca:


Aproximando al valle de Rurec:


Cumbre del Quilluhirca:


Quilluhirca:


Felicidad!:


La rimaya del Ocha:


Un poco de patio en Rurec:


Cerca de la cumbre en el Quilluhirca:


El Shaqsha desde la cumbre del Quilluhirca:



domingo, 29 de junio de 2014

Cordillera Blanca 2014

La cordillera Blanca en Perú es para los escaladores de sud-américa algo así como los Alpes en Francia para los escaladores de Europa, la “Mecca” del montañismo de altura.

La primera vez que tuve la oportunidad de viajar a esta hermosa cordillera fue hace casi 8 años, y aunque no realicé algún ascenso notable -en realidad mi papel fue de cocinero/porteador de un grupo de amigos que hicieron un intento fallido de un pico de casi 6.000m -, fue cuando vi por primera vez el camino que he decidido recorrer mi vida entera: escalar montañas.

En este verano he visitado dos veces este grupo de gigantes, la primera hace  poco más de un mes como guía de un grupo de escaladores venezolanos y la segunda formando parte del equipo “Somos Ecuador” como preparación para nuestros objetivos en Asia de este año.

En el primer viaje subimos “modestas” montañas de 5.000m, picos igual de accesibles y con vistas igual de magnificas que en los mejores itinerarios en Alpes, pero con el compromiso y exposición que significa estar en uno de los sistemas montañosos más salvajes del planeta; fue una excelente semana en la que estuve muy agradecido de poder ver en mis clientes la misma emoción que yo sentía cuando realicé mis primeras escaladas lejos de casa.

Estoy convencido de que cada montaña y cada cordillera tiene su personalidad propia, son seres vivos que de una u otra manera nos envían mensajes que a veces uno entiende al instante y otras veces después de mucho tiempo; al regreso a Ecuador luego de guiar en Perú el mensaje estuvo muy claro para mí: el verdadero amor por las montañas no viene del ego o búsquedas  superficiales, está en saber cómo se saborea el presente.

Luego de un par de semanas en Ecuador, que pasaron entre entrenar y una notable despedida en el volcán Cotopaxi, regresé a Perú acompañado de Carla Pérez, Rafael Cáceres y Nicolás Navarrete. Nuestros objetivos fueron escalar durante diez días en el valle de Rurec, realizar un intento del cerro Ocshapalca y realizar una tercera escalada en la cordillera por definir en dependencia de las condiciones (actividad a la que yo no pude continuar debido a un compromiso de trabajo).

El valle de Rurec nace a los pies de los nevados Shaqsha y Rurec, con un suelo a 4.000m en sus laderas tiene paredes graníticas de entre 300 y 1000 metros de desnivel, nuestro objetivo era trabajar una ruta nueva en el valle y probar las estrategias que usaremos a finales de Julio en las montañas del Tien-Shan; a pesar de lo que personalmente fue una primera “decepción” al ver que el ambiente de la escalada era predominado por fisuras llenas de vegetación y largas placas de granito “improtegibles”, les agradezco a mis compañeros de expedición la contagiosa motivación por buscar hermosas escaladas que están escondidas donde uno menos se lo espera, y ese fue precisamente el mensaje que me dejó este valle: que muchas  veces las mejores escaladas están reservadas para los ojos que tienen la fuerza de perseverar buscándolas.
Durante nuestra permanencia en el valle logramos realizar una nueva variante a la cara sur-oeste  del pico Quilluhirca que conecta con la esbelta arista sur-este y lo que creemos es la primera ascensión en libre hasta la cumbre 
(850m, 5.11d), también 300m de nueva ruta que quedan pendientes de finalizar en la imponente y gélida cara sur del pico y una hermosa ascensión al pico Patrick por la cara Este (300m, 5.8). Aunque no voy a negar que es muy cómodo cuando en Los Alpes se baja de una ascensión en teleférico y se puede llegar a buscar toda la información necesaria en internet para el itinerario del día siguiente, esta vez fue mejor para nuestros espíritus el poder encontrarnos solos frente a tan imponentes paredes en uno de los lugares más remotos que conozco y compartir un poco de la vida del campo con la gente que nos ayudó con sus animales de carga para la aproximación.

De regreso a Huaraz (la ciudad que funciona de campo base en esta cordillera ) se unió al equipo Ivan Vallejo; los dos días que tuvimos entre Rurec y entrar a la quebrada de Llaca se sucedieron entre una corta sesión de Boulder en un área llamada Huanchac a 10min del centro de Huaraz, un partido de la selección de fútbol en el Mundial y largas conversaciones sobre lo hermoso que es escalar montañas.

La única información que teníamos sobre el nevado Ocshapalca era que en su cara sur (vertiente en la que estábamos interesados) tiene paredes de 700m muy verticales  y a veces extraplomadas de hielo y roca, y que hace algunos años un equipo ecuatoriano (Ignacio Espinoza y Andrés Herrera) hicieron un intento de esta cara. Tratamos de enterarnos lo mejor posible sobre cómo llegar a la base de la pared y, en cuanto a la escalada en si, más bien nos mentalizamos en que una vez en la base trataríamos de buscar la mejor opción que conduzca a la cumbre máxima. El camino que lleva al campamento es muy fácil de seguir hasta un punto en donde pusimos a prueba las lecciones aprendidas en Rurec: la ruta está escondida a primera vista; con las ultimas luces llegamos al campamento y al día siguiente hicimos una primera incursión en el glaciar para hacer la huella hasta la base y ofrecer nuestros saludos a la montaña.
La primera noche estuvo matizada con una infección intestinal que sufrió Iván, supo sobrellevarla como un verdadero guerrero y pocas horas después durante la escalada pudo más su pasión por las montañas que un puñado de bacterias.
Luego de 24 horas entre ascender y descender de la pared, me di cuenta de la última lección que la cordillera tuvo para mí este año: que a pesar de que pisar una cumbre es una de las mejores recompensas; cuando uno se entrega a la montaña con los ojos cerrados la cumbre está en donde la montaña decida. Esta lección vino porque no pudimos terminar la ruta Americana en la cara sur (o lo que queda de la ruta Americana debido a las condiciones tan diferentes de la montaña en estos años a los del primer ascenso) pero logramos escalar 600 magníficos metros de hielo y terreno mixto alucinante (AI3, WI5+, M4). Las condiciones al final eran de nieve azúcar insoportablemente frágil a 60° de inclinación, y nuestra decisión fue aceptar que la cumbre quedará para otro año.

Ahora me encuentro de regreso en nuestras hermosas montañas para guiar a un grupo de norte americanos, con el espíritu listo para entrenar durante el mes de Julio con el objetivo de escalar el monte Kyzyl Azker (cordillera de Tien-Shan, China) con el equipo Somos Ecuador en Agosto.

Mas fotos y videos de Perú próximamente,

Hasta mientras,

Un abrazo a tod@s...


En la cumbre del Quilluhirca, de izq a der: yo, Rafael Cáceres, Carla Pérez, Nico Navarrete.

miércoles, 12 de febrero de 2014

MONTE EVEREST

Han pasado más de seis meses de haber regresado del monte Everest, y pienso que finalmente he asimilado lo que esa expedición significa en mi vida como escalador. Ha sido una oportunidad de renovar todas las ideas y motivaciones que rondan 24/7 en mi cabeza, de tener una luz clara de cómo  funciona mi cuerpo y mente en esas altura y sobre todo fueron dos meses de vivir momentos magníficos con gente excepcional.

En esta publicación quiero contar desde mi experiencia, cómo fue el proceso del viaje y el día de cumbre; con la visión de alguien convencido de que el éxito no se encuentra en un pequeño momento al alcanzar la cumbre; en verdad es el camino que recorremos y lo que hacemos posteriormente con todo ese cúmulo de experiencias adquiridas lo que construye el “logro”.
Entiendo que para muchos colegas cada vez que se tiene éxito en un proyecto, ese éxito se convierte en un trofeo que orgullosamente es exhibido como muestra de heroísmo y coraje; especialmente con esos logros que llevan adjetivos poderosos como “la montaña más alta”, “el/la primero/a” o “la escalada más difícil y peligrosa”, el objetivo de contar esta historia es transmitir mi sentir de que cada escalada es una aventura inmensurable en números o adjetivos, como la misma vida.

Pues bien, nuestro viaje comenzó a finales de Marzo del 2013, los integrantes de la expedición fuimos: Carla Pérez, Iván Vallejo-quien fué el jefe de la expedición-, Oswaldo Freire, Rafael Cáceres (Chapico) y mi persona, Esteban Mena (Topo). El proyecto fue concebido como parte de la planificación del equipo "Somos Ecuador" en el año 2013. El objetivo de la expedición era escalar el Monte Everest por la ruta normal en su flanco Norte: en el Tíbet, región en que los budistas llaman a la montaña Chomolungma, que significa Madre del Universo. Las reglas del juego fueron: intentarlo sin el uso de oxígeno suplementario, no contar con la ayuda de sherpas de altura al armar campamentos o realizar depósitos de equipo y sobre todo hacerlo como un equipo, juntos.

Personalmente, el tipo de escalada y montañismo que más me atrae es aquel que implica dificultad técnica y compromiso: ese navegar en grandes paredes, tratando de ubicar sabiamente las piezas de un inmenso rompecabezas vertical, y claro, buscando la gratificante sensación del vértigo… El monte Everest por la ruta que escogimos no tiene mucho que ver con lo antes mencionado, más bien la ruta transcurre por terreno caminable y cuando la geografía rompe en pequeños obstáculos, los años de escaladores buscando la cumbre han llenado esos escalones con cuerdas y escaleras de las que uno se aprovecha para subir, entonces: ¿Por qué fui?. Mis razones fueron dos principalmente: la primera fue la curiosidad y anhelo de experimentar el compromiso que significa llevar el cuerpo humano más allá de los límites que nuestra configuración genética nos permite (en la altura); y la segunda viene de cuando alguna vez escuché a un amigo casualmente comentar: “no existen atajos para la experiencia”. Esas palabras se convirtieron para mí, al regresar de la pared sur del Aconcagua, en una forma de concebir el siguiente trecho en mi camino; en el alma de soñar con la posibilidad de, algún momento, buscar ese mundo vertical en lugares donde el oxígeno es más rebelde que nunca. 

 En el camino a la Diosa Madre del Universo fui buscando abrir una nueva puerta en mi carrera como escalador y finalmente conseguí abrirla, pero lo más importante es que tuve la oportunidad de llevar mi percepción de la realidad a nuevas dimensiones.

25 de mayo, 2013; Campo 3, 8.300m.
00h00
He estado toda la noche esperando a que el despertador suene, impaciente de descubrir lo que la montaña tiene para nosotros; de alguna manera el significado de este día de cumbre ha cambiado para mí, ya no se trata únicamente de hacer un gran esfuerzo que en unas cuantas horas nos llevara al punto más alto de la montaña, ahora siento que se trata de dejar que la montaña nos conduzca a sus entrañas y, ojalá, nos traiga de regreso, llenos de vida.
La jornada de ayer aún resuena en mi cabeza; el solo pensar en tratar de preparar un desayuno e ingerirlo, ponerme las botas y comenzar la jornada acelera mi corazón; somos el único equipo que va a intentar la cumbre esta noche y eso me reconforta, el sentir que la montaña está solo para nosotros. Finalmente comenzamos a caminar y todo se sucede muy despacio, la paciencia y humildad que se necesita para escalar a esta altura es una lección que agradezco.

04h00
Hace algunos años vi por primera vez la foto de cuando Iván Vallejo llegó por primera vez a la cumbre del Everest, una de las cosas que más me llamó la atención es ver sus manos desnudas  mientras sostiene la bandera del Ecuador en la cumbre; gracias al destino, años después en una de tantas conversaciones sobre montañas, el mismo Iván me narraba lo hermoso de las condiciones climáticas aquel día; ahora no sé si es mi mente que juega conmigo o simplemente es un reflejo de la memoria pero esa imagen viene a mi cuando siento este viento helado en la cara; comienzo a preguntarme: Por qué la montaña no nos permite disfrutar de un día perfecto?; hace un frío tenaz y este viento es como sal en una herida, hace que el cansancio se sienta como nunca antes… tal vez es parte del mensaje. Me consuelo con la idea que ese mismo individuo de la foto esta ahora junto a mí, nuestros cuerpos están sufriendo pero de alguna manera extraña nuestros corazones están contentos.

05:00
Cuando pasamos junto a un extraño bulto envuelto en lo que parece ser un traje de plumas viejo, reconozco que es una forma humana… En el camino a cualquier cumbre uno se encuentra con toda clase de cosas, algunas son reales y otras imaginarias; algunas veces esos encuentros inspiran y son la energía que me motiva a continuar la escalada, pero en esta cumbre en especial, muchos de esos encuentros son desoladores; cuando paso junto al cadáver de algún colega que murió en su misión siento tristeza y vuelve a mi cabeza la pregunta ¿Por qué subir? Hay momentos en los que siento que no existe ninguna razón y simplemente se trata de una especie de atracción magnética, me siento como un pequeño tornillo arrastrado por un poderoso imán.
Paramos a tomar un respiro y me siento feliz de estar en este lugar con grandes amigos, tengo mucha suerte de poder compartir esto con gente buena. Junto a mí, Carla Pérez, mi compañera de escaladas y en la vida, se sienta y concentradamente respira mientras contempla el paisaje, en verdad que le admiro, existen cuatro mujeres en la historia que han logrado subir al Everest sin Oxígeno, una de ellas murió de cansancio al descender y todas lo hicieron después de algunos intentos. Trato de entender como se siente el ser mujer en estos lugares donde la vida escasea, creo que nunca lo lograré. Le agradezco por poder contagiarme con un poco de su pasión por estar aquí, compartimos un poco de agua y continuamos.

07:30
Estoy a 8.650m, más alto que cualquier otra montaña en el planeta y ahora la Diosa Madre del Universo nos enfrenta al momento más duro de toda la expedición. Hace un par de horas que la Carlita está teniendo problemas con el frío en sus manos, cuando le miro a los ojos siento en su mirada la desesperación de sentir como la circunstancias comienzan a hacernos pensar en la idea de dar vuelta atrás, después de algunos intentos fallidos por recalentar sus manos concluimos en que si ella continúa ascendiendo las posibilidades de tener congelaciones graves que signifiquen amputaciones en sus dedos son muy altas; en un principio, decidimos que los dos nos vamos a dar la vuelta: como un equipo... gracias al buen juicio de mi compañera consensuamos en que ella va a descender sola y yo voy a continuar el ascenso, la Carla es una montañera dura, ella sabe que no necesita de mi para descender y que a pesar de lo complicado de las condiciones, todos sentimos el llamado de la altura.

A mi mente viene el recuerdo de su mirada de preocupación al enterarnos pocas semanas antes del viaje, de que, por el error de uno de los miembros de la expedición, adquirimos la talla equivocada en su chaqueta de plumas para la cumbre; hoy, como solución a ese error ella está usando la misma que usó Iván en muchos de sus ochomiles, aunque estoy seguro que esa prenda está cargadísima de buena energía y definitivamente le queda mejor que la otra chaqueta, aún es demasiado grande y con este viento, ese error ahora está cobrando un precio muy caro; es una lección que nunca olvidaremos.

Nos damos un beso y después de unos metros regreso a ver como ella se regresa; cada vez que pienso en mi experiencia en el Everest, eso es lo primero que viene a mi cabeza: la frustración de ver como alguien que ama la montaña, con más pasión que la mayoría de montañistas que he conocido, recibe un mensaje muy duro de comprender.

08:00
Después del segundo escalón me reencuentro con Iván Vallejo y Rafael Cáceres, ellos me preguntan que donde está la Carla, a duras penas este maldito viento les permite escuchar lo que les explico, el Iván menea la cabeza frustrado por las condiciones pero al mismo tiempo entiende, él sabe muy bien que en estas montañas no se puede apostar con esas cosas.
Tratamos de recuperarnos juntos: nos damos ánimos y con gestos nos sugerimos ingerir algo; antes de comenzar el último tramo Iván decide darse la vuelta: él también está muy cansado, durante dos meses la montaña nos ha puesto a prueba con condiciones climáticas muy complicadas y hoy no es la excepción, y por supuesto está el hecho que después de diez y seis veces en una cumbre de más de ocho mil metros él sabe muy bien que su cumbre ya fue lograda.

Poco después de comenzar a caminar con el Chapico, me encuentro con Oswaldo que ya baja de la cumbre, me alegro mucho por él, pero también me entristece el ver que nuestro equipo no pudo mantenerse junto.  

11:00
Las últimas horas de ascenso me cuestan mucho, sé que tengo la energía suficiente para regresar sano y salvo pero al mismo tiempo tengo miedo de sentirme débil en un lugar como este, sé que debo confiar en el amor que tengo por las montañas, y continuar dando lo mejor de mí. Poco antes de la cumbre me detengo a hacer una toma de Rafael en sus últimos pasos antes de llegar, me siento satisfecho de que mi mente aún está lucida como para pensar en esos detalles y camino los últimos metros. Al llegar las emociones se mezclan en mi corazón, me siento alegre de estar en este lugar con un gran amigo, agradecido con la montaña por permitirme llegar a sus entrañas pero también estoy frustrado por el maldito viento que nunca se calla y por no estar aquí con la Carlita y el Iván.

26 de Mayo, 2013; Campo 3, 8.300m.

08:00
Ayer, Rafael y yo descendimos de la cumbre; luego de llegar al campo 3 a 8.300m decidimos quedarnos a pasar la noche y continuar con el descenso al día siguiente. A pesar de que una semana antes cuando consensuábamos entre todos el plan, decidimos que pase lo que pase todos descenderíamos al menos hasta el campo 2 (7.700m) después de la cumbre, la idea de descansar suena en nuestros oídos como el canto de una sirena, demasiado dulce como para negarse.
Cuando comenzamos el descenso sabemos que hoy debemos llegar al Campo Base.

19:00
Este es uno de esos días en los que los segundos parecen minutos, los  minutos parecen horas y las horas ya no tienen sentido. Llevo todo el día descendiendo de la montaña más alta del planeta, hace horas que las baterías de mi radio murieron y no he visto a mis compañeros lo suficiente como para saber que deben estar preocupados por mí. Cuando por fin cae la noche tengo la oportunidad de lanzar luces desde la arista norte hasta el fondo del valle, sé que ellos necesitan saber algo de mí. Me siento tranquilo al sentir que mi cuerpo, a pesar de estar muy cansado, aún está sano, y me reconforto con la lucidez de poder disfrutar del anochecer.
Poco después el Oswaldo sube desde el campo base un par de horas con la idea de rescatarme, mis compañeros no me han visto en las últimas horas y en algún momento incluso llegaron a pensar que había tenido un percance; siento su tranquilidad al verme entero, cruzamos un par de palabras y continuamos juntos el descenso. Le agradezco por su preocupación.


3 de Octubre, 2013; California, Estados Unidos.

Mientras la Carlita y yo compartimos una de nuestras cosas favoritas en la vida: un gran vaso de leche con galletas de chocolate después de un día de escalada, repasamos cada minuto de la escalada que acabamos de hacer. Hoy estuvimos escalando en roca todo el día y sentimos que nos merecemos este regalo, hace ya un mes que estamos en el “Imperio” y aún tenemos un mes por disfrutar; mientras comentamos lo hermoso que es sentir los cristales de granito en nuestros dedos mientras gozamos de un cálido otoño, viene a nuestra mente el recuerdo de la crudeza de las condiciones que vivimos meses atrás en el Himalaya, cada uno de nosotros vivió experiencias muy fuertes y diferentes en esos dos meses y sabemos que aún tenemos mucho por entender de esa experiencia. Cuando veo el brillo en sus ojos al hablar del Himalaya me doy cuenta de que algún día vamos a volver, que todavía tenemos una cuenta pendiente.

El Everest visto desde el Campo Base en China


Niños tibetanos de camino al campo base

Los integrantes de la expedición

El campo base avanzado

La ceremonia budista para pedir el favor de la montaña

Ivan Vallejo de camino al Campo 1

Escalera de camino al campo 1

Carla y yo en el Campo 2 (7.700m)

Vista de la cumbre a 8.600m

Topo en la cumbre del Everest


Como este montón de basura hay muchos otros; lo malo de muchas de las montañas mas hermosas del planeta, es que no todos lo que vamos, sabemos cuidarlas.